Sobre la ruptura de los Encuentros Nacionales/Plurinacionales de Mujeres

Los ENM tienen una historia, desde su primera edición en el año 1986. Surgió situado en América Latina, en un contexto de reactivación del feminismo local pos-dictadura; y tras la participación de grupos de feministas de Argentina en el Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe en Bertioga (Brasil), y de otro grupo que fue a la Conferencia Mundial de Mujeres (ONU) en Kenia, que volvieron de los respectivos eventos con ganas de realizar un evento feminista de gran escala, para poder articular entre mujeres activistas provenientes de diferentes provincias, organizaciones e ideologías.

El cambio de nombre impuesto por los sectores queeristas supone negar esa historia de organización de las mujeres (que, como tal, no depende de los partidos u otras organizaciones masculinas, sino que es un movimiento y pensamiento autónomo y sexuado), y plantear un revisionismo donde resulta que los ENM siempre fueron un espacio donde los trans, los bisexuales, los maricas, etc, tenían derecho a participar; donde por el nombre se sostiene falsamente que estuvieron, pero por la crítica a las características separatistas (feministas) iniciales del ENM, por otro lado, “después de 30 años, el Encuentro es diverso”, después de que sea una actividad fasCISta de mujeres privilegiadas (?), ahora, con la dirección de partidos de izquierda, populistas, latinoamericanistas, GBTQ+, aparece la pureza política del Encuentro.

No sólo se hace un borramiento de la historia de las mujeres, sino en ese sentido se rompe con nuestra autonomía sexuada para organizarnos entre nosotras, para crear cultura lésbica entre nosotras y profundizar en nuestros procesos colectivos de conciencia, y en consecuencia, para luchar contra el sistema social de los hombres. Los hombres que presionan desde su activismo queer para liderar el Encuentro, son una de las principales fuerzas patriarcales metida en el movimiento feminista para romper con la fuerza de las mujeres. En una etapa fuertemente neoliberal del patriarcado, los hombres nos ceden derechos, como el aborto, que sí son positivos en tanto mejoran un poquitito la vida de las mujeres, pero a cambio de eso se nos hace pensar que estamos en una posición de igualdad frente a ellos, y con esto se afianza la heterosexualidad. En ese igualismo sexual que despolitiza la conciencia y la organización feministas, aparecen los hombres autopercibidos mujeres y disidencias a decirnos que si el sexo no es factor de jerarquía, si es neutral, de hecho la jerarquía también la pueden sufrir ellos. Las mujeres nos vemos obligadas por la culpa femenina, y por la formación en academias masculinas y organizaciones sociales afectadas por la inclusión queer, a compartir espacios con ellos y considerarlos la parte más oprimida de la “categoría” de mujer/femenino. Nos hacen centrarnos en la diversidad y dejar de verlos como hombres, que como tales ejercen violencia y control en las relaciones con mujeres.

Los encuentros son mucho más que sus direcciones partidarias, la alianza entre la izquierda/peronismo/queerismo no asume esto, porque actúan desde las disputas por el poder, y no desde la construcción política de las mujeres entre mujeres. Los encuentros son todas las actividades llevadas acabo dentro de éstas, generan cambios en las participantes y renuevan energías para seguir activando en los lugares que habitan, se generan nuevas ideas y transforman. Los encuentros sirven para llegar a consensos entre mujeres de espacios y lugares muy diferentes, y sacar algunas conclusiones.

Desde 2018 los hombres “disidentes” y muchas feministas queer agitaron por el cambio de nombre, llegando en las comisiones organizadoras de 2019 a niveles de violencia muy grandes, viendo todo como dos bandos, donde quienes no se posicionaban a favor del plurinacional+disidencias necesariamente eran racistas, y donde cualquiera que intente mediar era acusada de algún bando. No hubieron reflexiones feministas. Hoy día se está hablando de que “el patriarcado rompió el encuentro”, como si no hubiese sido algo hecho desde adentro. Hicieron lo que los varones de derecha no pudieron.

En esa violencia de sectores masculinistas GB(he)Tros, también aparece la izquierda trostkista que es completamente ajena al feminismo, y sólo lo utiliza para hacer entrismo o porque se consideran feministas por ser anti-machistas, pero no ven más que como pequeñoburguesada el movimiento autónomo de mujeres. Éstos reivindicaron el plurinacional/disidencias para estar del lado correcto/no maoísta ni peronista.

Los encuentros son mucho más que las disputas partidarias, decía, pero el poder está.
Más allá de los sectores masculinos, el pedido de que se llame plurinacional ya venía también desde 2018 por parte de mujeres originarias, que no suelen ser las que toman las decisiones principales de los Encuentros. Se las consideró sectarias por querer cuestionar la construcción de la argentinidad, asumiendo que es una identidad construida sociohistóricamente desde el genocidio, y que por eso es necesaria la visibilización de sus propias naciones originarias. Trajeron una crítica a la colonialidad de los hombres blancos, que ellas ya concebían pero no era tanto tenido en cuenta por mujeres blancas, y las organizadoras pertenecientes a partidos masculinos nacionalistas (maoístas y peronistas) reaccionaron aludiendo a la tradición histórica, y al positivismo que entiende a la nación como un hecho dado, y que por tanto, toda persona nacida en el territorio de Argentina es argentina. Algunas pidieron que se cambie el nombre, otras que se agregue la plurinacionalidad como pilar del Encuentro; las organizaciones de mujeres originarias, valga la obviedad, no son homogéneas.

Se decidió cambiar la fecha del ENM para noviembre y esto terminó de consolidar la ruptura. Tuvo que ver con pedidos de mujeres originarias que fueron tenidos en cuenta, pero el comunicado que sacó la Comisión organizadora habló de que ellas, las organizadoras, incluyeron los pedidos de las Otras. Sintetizando, la comisión organizadora de este Encuentro sigue integrándose principalmente de mujeres blancas con posiciones partidarias, que se piensan junto a los hombres de su posición social. Otra actitud central de la CO, pero en el año 2019, fue convocar a mujeres racializadas e indígenas a hablar a favor de ésta, pero con las cuales en verdad no tienen una relación de reciprocidad. La dirección del ENM también ha tenido alianza con grupos de mujeres católicas, que no van sólo como mujeres que son creyentes, sino organizadas a favor de la religión. Esto ya venía siendo denunciado, y es constantemente negado y/o justificado por la CO.

Desde nuestro lugar, rechazamos el oportunismo racista progre de la CO del EPMLTTBNB+, como también el racismo explícito de las dirigentes de la CO del ENM. Rechazamos también el queerismo antimujeres del primero, y la política conservadora-masculina del segundo.
Deseamos construir dentro del Encuentro profundizando en las necesidades de las mujeres, politizando nuestras diferencias sin caer en el paternalismo ni buscar la asimilación, entendiendo la complejidad del patriarcado y viéndonos en el ser mujer no como homogeneidad sino como centro de nuestra política.

Vamos al ENM, no sin críticas claro está, porque sigue convocando sólo a mujeres, es el que tiene la trayectoria (y no tradición) recorrida en la construcción mujeril desde los 80s, y porque nos ubicamos desde la autonomía ya mencionada. Esperamos ser encuentreras junto a muchas más compañeras feministas radicales.

Encontrarnos significa vernos y reconocernos como hacedoras de nuestra historia, de lo que esperamos y deseamos que suceda. Decidamos juntas, planteando todas las dudas incómodas que sean necesarias, el rumbo del feminismo radical lésbico local. Llevemos esas conclusiones a los lugares que habitamos. Recarguemos la energía que sea necesaria para seguir encontrándonos con las mujeres que tenemos cerca todos los días. Superemos el miedo a la mirada de las otras y encontremos nuestro reflejo en sus miradas de mujeres.

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