Cuties – Las niñas como carnada

Cuties (traducción estadounidense) es la nueva película cuyo trailer Netflix presentó hace dos días. En él, deja entrever a una protagonista «reprimida» e incómoda por la cultura familiar y como esta (cito) «explora la feminidad en su deseo de bailar sensualmente». Todo esto, en parte motivada por el efecto que nota que generan sus bailes en redes sociales. Como si el título y la descripción no fuesen ya suficiente para asumirlo una típica película misógina-neoliberal centrada en la cosificación como sinónimo de libertad femenina, el detalle es que la protagonista y sus amigas son niñas de once años. ¿El nombre? «Cuties«, bonitas, esa misma expresión que se usa peyorativamente en las películas para apuntar a una mujer o para aludir a la mística inocente y juguetona tan típica de la pornografía. ¿La imagen? El grupo de «cuties» vestidas de bailarinas de reality show, doblando sus pequeños cuerpos para ser aplaudidas por un público, una de ellas, sobre sus rodillas y manos.

Aclaremos primero de llano la cuestión del mercantilismo; la polémica que cada vez más seguido exige Netflix deja en claro la importancia del mercado, de vender y revender en su vidriera virtual. En esa misma línea es como muchos cibernautas justifican la exposición, el juego de palabras e incluso la violencia con tal de aportar al consumo. El mercado los motiva, mueve y corona  a costa del empobrecimiento e incluso la cultura pedófila mediática, que se ha ido normalizado en parte y conjunto al movimiento queer-revolucionario y el boom pornográfico. Por otro lado, muchos hombres y mujeres en redes compartieron e incrementaron las visualizaciones del trailer, justificándose con que la «hipersexualización está en las mentes, y que ahí está el problema». No, Patricio, el problema está en las redes internacionales de trata y pederastía, en los hombres pedófilos que graban, en los que compran, en los que abusan, acosan, promueven, hacen bromas y en los que hacen silencio. La reacción feminista a la promoción de la hipersexualización infantil no es violencia. Apuntar la violencia no es violencia, pero cosificar mujeres y niñas para el consumo, sí. Y es verdad que las cosas pueden ser «legales» o «ilegales», parte de la «libertad» o no, y en ese sentido, sabemos que lo que hace netflix no es algo «penalizable», así como tampoco es penalizable aún que hombres acosen en el transporte público a las niñas de 10-12 años, o que obliguen a parir a mujeres y niñas en pleno 2020 en muchos lugares del globo, porque lo que es «justo» y lo que es «legal» siempre ha sido cosa de hombres y su sexualidad ginocida. Es por eso, sólo por eso, que se puede comprar la imagen de niñas de once años y repartir el material para que de vuelta al globo, con el nombre de «Cuties» y esa misma impunidad les permite publicitar la serie con la imagen donde una de las menores sale en cuatro, e incluso, luego de toda esa violencia simbólica, exponer en redes que esa hipersexualización infantil es una crítica a la hipersexualización.

Ya nada sorprende al movimiento feminista. La cultura entera intercambia y publicita misoginia. Por lo que la respuesta feminista no debe tratarse de un “boicot” a una directora (en absoluto) o personajismos, es muchísimo más compleja y amplia. Debemos tener claro que si sexualizar infantes para publicitar es parte de la política y libertad de expresión de los hombres y sus empresas… sea por su arte, su alma, sus necesidades superiores que obedecen el rebuscado significado del cine y la publicidad o lo que sea, entonces será parte de nuestra libertad de expresión gritar, denunciar y hacer lo que esté al alcance por proteger a las infancias que se compran y venden para poder satisfacer todo eso. Porque sin clientes no hay formato, mujeres, y eso queda clarísimo cuando una plataforma que recauda 20.000 millones de dolares al año decide mover el mercado a través de pre-púberes en trajes de show-girls. Finalmente, las alentamos y motivamos a hacerse palabra y voz para establecer un límite ante esta cultura masculina que nos usa, a nosotras y a las niñas como carnada para la polémica barata. Así como las invitamos a no reproducir en Netflix y manifestarse ante ellos cuidando justamente de alentar sus pretenciones. Reproducir el trailer o la película para odiarlos es pagarles por insultarlos. Manifestémonos responsables, mujeres, conscientes de un sistema mercantil que se aprovecha de la violencia a la que nos somete.

– Vía Nacha Isabel / Radicalinmorada.blogspot.com / @Inmorada

Correcciones por reflexionesenmuchaslineas.blogspot.com / @hmairalucia

Imgs. por @dorochito

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