Entrevista a Andrea Franulic: «La norma lingüistica es incluyente»

andrea

Entrevista por Violeta González, de RadAr La Plata

En 2017 Andrea Franulic, escritora chilena, se doctoró en Lingüística. “Ningún lingüista dice que el origen de la lengua viene de la madre.” Andrea es feminista radical de la diferencia pero también es coautora de Una historia fuera de la historia (2009). Se formó en los talleres feministas de Margarita Pisano. La charla vino a colación con el debate sobre la institucionalización del lenguaje inclusivo.

“Los géneros gramaticales manifiestan de forma superficial lo que pasa en la organización profunda y semántica de la norma lingüística androcéntrica.” 

— ¿La lengua es excluyente? 

— No. La lengua entendida desde el punto de vista patriarcal y androcéntrico, que se ha normativizado para que sea androcéntrica, sobretodo en el conocimiento con poder de la universidad, las disciplinas, las asignaturas, en la política con poder y en los discursos mediáticos, es inclusiva, no excluyente. Es incluyente porque es la norma lingüística que representativamente coloca al masculino como sujeto universal y absorbe al femenino dentro de sí, formando un Uno. Ese Uno que las pensadoras de la diferencia sexual, María-Milagros Riveras Garretas y Luisa Muraro, llaman el régimen del uno. 

— Se relaciona también con las lógicas de inclusión masculina que mencionás vos en varios de tus artículos. 

— Claramente. Las lógicas de inclusión masculina van al unísono con la estructura de la norma androcéntrica, que es un espejo de la sociedad patriarcal y viceversa, se miran mutuamente. Se expresan y se manifiestan, dice Patrizia Violi, no sólo, pero sí de forma muy clara, en los géneros gramaticales, en los morfemas de los géneros gramaticales, que ahora justamente están en discusión. Los géneros gramaticales, dice Violi, manifiestan de forma superficial lo que pasa en la organización profunda y semántica de la estructura lingüística androcéntrica, que es que el masculino absorbe al femenino, lo incluye.

 

“Las mujeres tenemos la capacidad de dar la vida y la palabra (…) La madre es la autora del cuerpo y la lengua.” 

 

— ¿Qué es la norma lingüística? 

— La norma lingüística es una duplicación, uso esta palabra de María-Milagros Rivera Garretas, de la lengua materna. La lengua materna es la que aprendemos a hablar de la primera maestra que es la madre, en nuestra primerísima infancia, y aprendemos la lengua completa: su etapa semiótica y su etapa simbólica. Las mujeres tenemos la capacidad de dar la vida y la palabra juntas, dice Luisa Muraro. La madre es la autora del cuerpo y la lengua, pero en pensamiento androcéntrico patriarcal se dividen y desde allí se desprenden todas las dicotomías que funcionan en esta lógica incluyente. Porque el cuerpo, entendido como naturaleza dominar, se le relega a la madre; y la palabra, al padre, y este es un error epistemológico del origen de las sociedades patriarcales.

— ¿Es un error epistemológico o es intencional? 

— Es un error epistemológico intencional. Cruza el pensamiento de los hombres y se vuelca también en una práctica intencional, que se fundamenta en el contrato sexual. Un pacto tácito y no pacífico, dice Carole Pateman, entre hombres, para disponer del cuerpo de las mujeres y dominar sus frutos, pero también para usurparles la palabra, para desautorizar la obra materna. Autoridad, etimológicamente, viene de augere, que significa ‘hacer crecer, dar auge’. Es distinta del autoritarismo patriarcal que opera, por ejemplo, en el plano normativo de la lengua. El androcentrismo opera también en la norma de la lengua. Como el lenguaje inclusivo que, desde una norma lingüística, pretende instaurarse arbitrariamente, autoritariamente.

 

“¿Cómo recuperar la lengua materna en cada una de nosotras? Pues así, retornando su autoridad a la madre concreta.” 

— Entonces, si no es a través de la institucionalización del lenguaje inclusivo, ¿cómo retornar a la lengua materna? 

— Los cambios lingüísticos no se pueden hacer desde afuera hacia adentro. Es decir, si yo cambio los géneros gramaticales arbitrariamente y colocó otro morfema en su lugar, la lengua, rápidamente, con su capacidad de flexibilidad y recursividad, incorpora el cambio y lo vuelve a digerir dentro de su estructura semántica. Por ejemplo, el uso del morfema ‘e’, que pretendiéndose neutro, absorbe la diferencia sexual femenina. Pero cuerpo y palabras son inseparables. Entonces, los cambios tienen que ser de acuerdo a las necesidades expresivas de mujeres y hombres que hablamos la lengua, según nuestras necesidades, deseos, emociones, etcétera. La lengua materna va por ahí, siempre ha estado presente y nos acompaña toda la vida, porque es el orden simbólico de la madre. Entonces, ¿cómo recuperar la lengua materna en cada una de nosotras? Pues así, retornando su autoridad a la madre concreta.

 

 

 

 

 

 

 

 

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