J.K. Rowling Writes about Her Reasons for Speaking out on Sex and Gender Issues (traducción)

Traducción y corrección a cargo de Paulina Sergeichuk de zona norte, y de Denise Touyaa de La Plata.
10 de Junio del 2020
Aviso: Este escrito contiene lenguaje inapropiado para niños.
Este no es un texto fácil de escribir, por razones que en breve serán esclarecidas, pero sé que es hora de explicarme respecto a un tema rodeado de toxicidad. Escribo esto sin ningún deseo de aportar a esa toxicidad.

Para las personas que no estén al tanto: el pasado diciembre manifesté en Twitter mi apoyo a Maya Forstater, una especialista en impuestos que perdió su trabajo por tuits que fueron considerados como “transfóbicos”. Ella llevó su caso a un tribunal laboral, pidiéndole al juez que dictaminara si la creencia filosófica de que el sexo está determinado por la biología está amparada por la ley. El juez Tayler dictaminó que no la estaba.

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Mi interés en los asuntos trans precede el caso de Maya por casi dos años, durante los cuales seguí el debate sobre el concepto de identidad de género de cerca. Conocí personas trans, y leí diversos libros, blogs y artículos escritos por personas trans, especialistas de género, personas intersexuales, psicólogos, expertos en ayuda, trabajadores sociales y médicos, y seguí el discurso online y en los medios tradicionales. En cierto punto, mi interés en el tema ha sido profesional, porque estoy escribiendo una serie sobre crímenes, situada en el presente, y mi detective femenina ficticia es de una edad para estar interesada, y afectada, por estos asuntos ella misma; pero por otro lado, mi interés es intensamente personal, como voy a explicar a continuación.

Todo el tiempo que estuve investigando y aprendiendo, han surgido acusaciones y amenazas por parte de trans activistas en mi inicio de Twitter. Esto fue desencadenado por un “me gusta”. Cuando empecé a tener interés en la identidad de género y asuntos transgénero, comencé a sacarle captura de pantalla a comentarios que me interesaban, como manera de recordarme sobre lo que quería investigar después. En una ocasión, sin darme cuenta, le di “me gusta” en vez de sacar una captura de pantalla. Ese único “me gusta” fue considerado evidencia de un pensamiento equivocado1, y un persistente bajo nivel de acoso comenzó.

Meses después, aporté al crimen de mi “me gusta” accidental siguiendo a Magdalen Burns en Twitter. Magdalen era una joven feminista lesbiana inmensamente valiente que estaba muriendo por un tumor cerebral agresivo. La seguí porque quería contactarla de manera directa, lo cual logré hacer. Sin embargo, como Magdalen era una gran creyente en la importancia del sexo biológico, y no creía que las lesbianas deban ser llamadas intolerantes por no salir con mujeres trans con pene, una conexión fue hecha en las mentes de los trans activistas de Twitter, y el nivel de abuso en las redes sociales aumentó.

Menciono todo esto solamente para explicar que sabía perfectamente qué era lo que iba a pasar cuando mostrara mi apoyo por Maya. En ese momento ya me habían cancelado cuatro o cinco veces. Esperaba las amenazas de violencia, que me digan que estaba literalmente matando a las personas trans con mi odio, ser llamada estúpida y perra y, obviamente, que mis libros sean quemados, aunque un hombre particularmente abusivo me dijo que él los había convertido en composta.

Lo que no esperaba tras mi cancelación era la avalancha de correos y cartas que llovieron sobre mí, la gran mayoría de ellas positivas, agradecidas y mostrando apoyo. Provenían de una muestra representativa de personas amables, empáticas e inteligentes, algunas de ellas trabajando en campos tratando la disforia de género y personas trans, que están profundamente preocupadas por la manera en la cual un concepto socio-político está influenciando la política, la práctica médica y el cuidado. Están preocupados por los peligros que supone para las personas jóvenes y homosexuales, y la erosión de los derechos de las mujeres y niñas. Sobre todo, están preocupados por el ambiente de miedo que no ayuda —particularmente a la juventud trans— para nada.

Me fui de Twitter por varios meses tanto antes como después de tuitear mi apoyo por Maya, porque sabía que no le estaba haciendo nada bien a mi salud mental. Solamente volví porque quería compartir un libro infantil gratis durante la pandemia. Inmediatamente, activistas que claramente creen que son buenas personas, amables y progresistas inundaron de vuelta mi inicio, creyendo tener el derecho de regular mi discurso, acusándome de odio, diciéndome insultos misóginos y sobre todo, —como toda mujer involucrada en este debate sabrá— TERF.

Si no lo sabes —¿y por qué deberías saberlo?— “TERF” en un acrónimo acuñado por trans activistas, que significa Trans-Exclusionary Radical Feminist2. En la práctica, una variedad enorme y representativa de mujeres en la actualidad son llamadas TERF y la gran mayoría de ellas nunca fueron feministas radicales. Ejemplos de estas TERF varían desde la madre de un niño gay que tenía miedo de que su hijo quiera transicionar para evitar el acoso homofóbico, a una mujer mayor hasta el momento totalmente nada feminista que juró nunca más visitar Marks & Spencer otra vez porque permiten que cualquier hombre que diga que se identifique como mujer pueda acceder a los cambiadores de mujeres. Irónicamente, las feministas radicales ni siquiera son trans-excluyentes —ellas incluyen a los hombres trans en su feminismo, porque nacieron mujeres—.

Pero las acusaciones de ser TERF han sido suficientes como para intimidar a un montón de personas, instituciones y organizaciones que alguna vez admiré, que se están acobardando ante las tácticas del juego. “¡Nos van a llamar transfóbicos!”, ”Van a decir que odio a las personas trans”. Qué más, ¿van a decir que tienes pulgas? Hablando como una mujer biológica, un montón de personas en posiciones de poder realmente necesitan crecer un par (que es sin duda literalmente posible, según la clase de personas que argumentan que el pez payaso demuestra que los humanos no somos una especie dimórfica).

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Entonces, ¿por qué estoy haciendo esto? ¿Por qué hablar? ¿Por qué no hago mi investigación tranquila y mantengo la cabeza gacha?

Bueno, tengo cinco razones por las cuales estar preocupada sobre el nuevo trans activismo, y decidí que necesitaba hablar.

En primer lugar, tengo una fundación benéfica que se centra en aliviar la privación social en Escocia, con un énfasis particular en mujeres y niños. Entre otras cosas, mi fundación apoya proyectos para las mujeres en prisión y para sobrevivientes de violencia doméstica y abuso sexual. También apoyo financieramente la investigación médica de la esclerosis múltiple, una enfermedad que se comporta de manera muy distinta en hombres y mujeres. Ha estado claro para mí desde hace un tiempo que el nuevo trans activismo está teniendo (o es probable que tenga, si todas las demandas se concretan) un impacto significativo en muchas de las causas que apoyo, porque empuja a borrar la definición legal de sexo y reemplazarla con género.

La segunda razón es que soy una exprofesora y la fundadora de una caridad para niños, que hace que tenga interés tanto en la educación como en el cuidado. Como muchas otras personas, tengo serias preocupaciones sobre el efecto que el movimiento trans pueda llegar a tener en ambos.

La tercera es que, como una autora muy censurada, estoy interesada en la libertad de expresión y la he defendido públicamente, incluso para Donald Trump.

La cuarta razón es dónde las cosas se vuelven realmente personales. Estoy preocupada por la enorme explosión de mujeres jóvenes que desean transicionar pero también en el aumento en los números de aquellas que están detransicionando (volviendo a su sexo original), porque se arrepienten de haber tomado decisiones que, en muchos casos, han alterado sus cuerpos de manera irrevocable y les han quitado su fertilidad. Algunas han dicho que decidieron transicionar después de darse cuenta de que sentían atracción por su mismo sexo, y que transicionar fue parcialmente impulsado por la homofobia, sea en la sociedad o en sus familias.

La mayoría de las personas probablemente no estén al tanto —ciertamente yo no lo estaba, hasta que empecé a investigar este asunto de manera adecuada— que hace diez años, la mayoría de las personas que deseaban transicionar al sexo opuesto eran hombres. Este fenómeno ahora se ha revertido. El Reino Unido ha tenido un aumento del 4400% en mujeres que son derivadas a tratamientos de transición. Las mujeres jóvenes y autistas están enormemente sobrerrepresentadas en estos números.

El mismo fenómeno ha ocurrido en los Estados Unidos. En 2018, la médica e investigadora estadounidense Lisa Littman se dispuso a explorarlo. En una entrevista, ella dijo:

“Los padres online estaban describiendo un muy inusual patrón en la identificación transgénero en la cual múltiples amigos o hasta el grupo entero de amigos se identificaban como transgénero al mismo tiempo. Hubiese sido descuidado de mi parte no considerar el contagio social y las influencias de sus pares como potenciales factores”.

Littman mencionó Tumblr, Reddit, Instagram y Youtube como factores que contribuían al Comienzo Rápido de la Disforia de Género3, dónde ella cree que en el ambiente de la identificación transgénero “la juventud ha creado cámaras de eco particularmente cerradas”.

Su artículo causó furor. Se la acusó de prejuicio y de esparcir desinformación sobre las personas transgénero, fue sometida a un tsunami de abuso y una campaña para descreditarla tanto a ella como a su trabajo. La revista dio de baja su artículo online y lo revisó nuevamente antes de republicarlo. Sin embargo, su carrera sufrió un golpe parecido al que sufrió Maya Forstater. Lisa Littman se atrevió a desafiar una de las máximas principales del trans activismo: que la identidad de género de una persona en innata, como la orientación sexual. Nadie, insistieron los activistas, puede ser persuadido a ser trans.

El argumento de muchos trans activistas actuales es que si no permites que un adolescente con disforia de género transicione, estos se van a suicidar. En un artículo explicando el porqué de su renuncia de Tavistock (una clínica de género del servicio nacional de salud en Inglaterra) el psiquiatra Marcus Evans establece que la afirmación de que los niños cometerán suicidio si no se les permite transicionar no “se alinea sustancialmente con ningún dato firme o estudios en esta área. Tampoco se alinea con los casos que he tenido durante décadas como terapeuta”.

Los escritos de hombres trans jóvenes revelan un grupo de personas notablemente sensibles e inteligentes. Mientras más leía sus reportes sobre la disforia de género, con sus descripciones perspicaces de la ansiedad, disociación, trastornos de la alimentación, autoflagelación y odio hacia su persona, más me preguntaba si, de a ver nacido 30 años más tarde, yo también hubiese intentado transicionar. La tentación de escaparle a la feminidad habría sido enorme. He luchado contra un severo TOC en mi adolescencia. De haber encontrado una comunidad y simpatía online que no encontraba en mi cercanía, creo que podría haber sido persuadida a convertirme en el hijo que mi padre abiertamente decía que hubiese preferido.

Cuando leo sobre la teoría de la identidad de género, recuerdo cómo me sentía mentalmente asexuada en mi juventud. Recuerdo la descripción de Colette sobre ella misma como una “hermafrodita mental” y las palabras de Simone de Beauvoir: “Es perfectamente natural para la futura mujer sentirse indignada ante las limitaciones impuestas sobre ella por su sexo. La verdadera pregunta no es por qué ella debería rechazarlas: el problema es en realidad entender por qué ella las acepta”.

Como no tenía una posibilidad realista de convertirme en un hombre allá por 1980, tuvieron que ser los libros y la música lo que me permitió atravesar tanto mis problemas de salud mental como el escrutinio sexualizado y el juicio que lleva a muchas jóvenes a entrar en guerra contra sus cuerpos cuando son adolescentes. Afortunadamente para mí, encontré mi propia sensación de alteridad, y mi ambivalencia sobre ser una mujer, reflejada en el trabajo de escritoras y músicas que me aseguraron que, a pesar de todo lo sexista que el mundo pueda intentar tirarles a los cuerpos femeninos, está bien no sentirse rosada, con volados y obediente dentro de tu cabeza; está bien sentirse confundida, nublada, ser tanto sexual como no sexual, insegura de quién o qué eres.

Quiero ser bien clara aquí: sé que transicionar va a ser una solución para algunas personas con disforia de género, aunque también soy consciente a través de extensas investigaciones que los estudios han consecuentemente demostrado que entre el 60%-90% de los adolescentes disfóricos superan su disforia al crecer. Una y otra vez me han dicho que “simplemente conozca algunas personas trans”. Lo he hecho: además de algunas personas jóvenes, que eran todas adorables, resulta que conozco a una mujer transexual que se describe como tal y que es mayor que yo y maravillosa. A pesar de que es abierta sobre su pasado como un hombre gay, siempre me ha costado pensar en ella como otra cosa que no sea una mujer, y creo (y realmente espero) que esté completamente feliz de haber transicionado. Siendo mayor, sin embargo, ella pasó por un montón de largos y rigurosos procesos de evaluación, terapia psicológica y transformación por etapas. La explosión actual del trans activismo urge a remover casi todos los robustos sistemas por las cuales los candidatos a cirugía de reasignación de sexo tenían que pasar. Un hombre que pretende no tener cirugía y no tomar hormonas puede ahora obtener un Certificado de Reconocimiento de Género y ser una mujer ante la ley. Muchas personas no están al tanto de esto.

Estamos viviendo el periodo más misógino que he experimentado. Alla por los ´80, imaginaba que mis futuras hijas, si llegaba a tener alguna, lo tendrían mucho mejor que yo, pero entre la reacción contra el feminismo y una cultura online saturada de pornografía, creo que las cosas se han vuelto significativamente peor para las niñas. Nunca he visto a las mujeres ser denigradas y deshumanizadas al nivel en el que se da ahora. Desde el largo historial del líder del mundo libre de acusaciones de abuso sexual y su alarde orgulloso de “agarrarlas por la vagina”, pasando por el movimiento incel4 (celibatos involuntarios) que se enfurecen contra las mujeres que no desean tener relaciones sexuales con ellos, hasta los trans activistas que declaran que las TERF necesitan ser golpeadas y reeducadas, los hombres de todo el espectro político parecen estar de acuerdo en algo: las mujeres están buscando conflicto. En todos lados, a las mujeres se les dice que se callen y se sienten.

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He leído argumentos sobre que ser mujer no reside en el cuerpo sexuado, y afirmaciones que dicen que las mujeres biológicas no tienen experiencias en común, y encuentro a estas, también, sumamente misóginas y regresivas. Está también claro que uno de los objetivos de negar la importancia del sexo es de erosionar lo que algunos aparentemente ven como una cruel idea segregacionista de que las mujeres tienen propias realidades biológicas o — lo que es igualmente amenazante—una realidad unificadora que las convierte en una clase política cohesiva. Los cientos de correos electrónicos que he recibido en los últimos días son prueba de que esta erosión les preocupa a muchas otras personas tanto como a mí. No es suficiente para las mujeres ser aliadas para los trans. Las mujeres tienen que aceptar y admitir que no hay diferencia material entre las mujeres trans y ellas.

Pero, como muchas mujeres dijeron antes, “mujer” no es un disfraz. “Mujer” no es una idea en la mente de un hombre. “Mujer” no es un cerebro rosado, un gusto por Jimmy Choos o cualquiera de las otras ideas sexistas que hoy en día de alguna manera son promocionadas como progresistas. Además, el lenguaje “inclusivo” que llama a las mujeres como “menstruadoras” y “personas con vulvas” impacta a muchas mujeres como algo deshumanizante y degradante. Entiendo por qué los trans activistas consideran que este lenguaje es apropiado y amable, pero para aquellas personas que hemos sufrido insultos degradantes por parte de hombres violentos, no es neutral, es hostil y alienante.

Lo que me lleva a la quinta razón por la cual estoy tan preocupada por las consecuencias del trans activismo actual.

He estado actualmente en la mira pública por más de veinte años y jamás hablé públicamente sobre ser una sobreviviente de violencia doméstica y abuso sexual. Esto no se debe a que me sienta avergonzada de que me hayan pasado esas cosas, sino porque son traumáticas de revivir y recordar. También me siento protectora de mi hija de mi primer matrimonio. No quiero reclamar exclusivamente una historia que también le pertenece a ella. Sin embargo, hace poco, le pregunté cómo se sentiría si yo fuese públicamente honesta sobre esa parte de mi vida, y ella me alentó a hacerlo.

Estoy mencionando estas cosas no con la intención de obtener simpatía, pero por solidaridad con la enorme cantidad de mujeres que tiene historias como la mía, que han sido tachadas como egocéntricas por tener preocupaciones en cuanto a los espacios separados por sexo.

Pude escapar de mi primer matrimonio violento con alguna dificultad, pero ahora estoy casada con un hombre realmente bueno y con principios, segura y protegida en maneras que nunca, en un millón de años, esperaba tener. Sin embargo, las cicatrices dejadas por la violencia y el abuso sexual no desaparecen, no importa cuan querida seas, no importa la cantidad de dinero que hayas ganado. Mi continuo nerviosismo es un chiste familiar —y hasta yo sé que es divertido— pero rezo para que mis hijas nunca tengan los mismos motivos que yo para odiar los ruidos repentinos fuertes, o el encontrar personas detrás de mi cuando no las escuché acercarse.

Si pudiesen entrar en mi cabeza y entender lo que siento cuando leo sobre una mujer trans que ha muerto por culpa de un hombre violento, encontraran solidaridad y afinidad. Tengo una sensación visceral del terror que aquellas mujeres trans tuvieron en sus últimos segundos sobre la tierra, porque yo también conozco momentos de terror ciego cuando me di cuenta de que lo único que me mantenía viva era el tembloroso autocontrol de mi atacante.

Creo que la mayoría de las personas que se identifican como trans no solamente no son una amenaza para otros, sino que son vulnerables por todas las razones que describí. Las personas trans necesitan y merecen protección. Como las mujeres, son más propensas a ser asesinadas por sus parejas sexuales. Las mujeres trans que trabajan en la industria del sexo, particularmente las mujeres trans racializadas, están en mayor riesgo. Como toda sobreviviente de violencia domestica y abuso sexual que conozco, siento empatía y solidaridad con las mujeres trans que han sido abusadas por hombres.

Entonces quiero que las mujeres trans estén seguras. Al mismo tiempo, no quiero que las niñas y mujeres natales estén más inseguras. Cuando abres las puertas de los baños y cambiadores a cualquier hombre que crea o sienta que es una mujer —y, como he mencionado, los certificados de confirmación de género pueden ser entregados sin necesidad de cirugías u hormonas— entonces le abres la puerta a cualquier y todo hombre que quiera entrar. Esa es la simple verdad.

En la mañana del sábado, leí que el gobierno de Escocia está avanzando con sus controversiales planes de reconocimiento de género, que significarían que todo lo que un hombre necesita para “convertirse en una mujer” es decir que es una. Para usar una palabra muy contemporánea, me sentí “triggered”. Sepultada por los implacables ataques de los trans activistas en las redes sociales, cuando estaba únicamente conectada para responderle a los niños que habían hecho dibujos para mi libro durante la cuarentena, pasé mucho del sábado en un lugar muy oscuro dentro de mi mente, mientras que las memorias de un serio abuso sexual que sufrí en mis veintes recurrían una y otra vez. Ese abuso sucedió en un espacio y tiempo en el cual era vulnerable, y un hombre capitalizó en una oportunidad. No podía hacer que esas memorias cesaran y me estaba costando contener mi enojo y decepción sobre la manera en la cual mi gobierno está jugando rápida y libremente con la seguridad de las mujeres y las niñas.

Tarde en la noche del sábado, mientras veía los dibujos de los niños antes de irme a dormir, me olvidé de la primera regla de Twitter —nunca, nunca esperes una conversación equilibrada— y reaccioné a lo que sentí era lenguaje degradante sobre las mujeres. Hablé sobre la importancia del sexo y he estado pagando el precio desde entonces. Fui transfóbica, una conchuda, una perra, una TERF, merecía ser cancelada, golpeada y la muerte. Eres Voldemort dijo una persona, claramente pensando que ese era el único lenguaje que iba a entender.

Sería mucho más fácil tuitear los hashtags aprobados —porque obviamente los derechos trans son derechos humanos y obviamente las vidas trans importan— y tener una sensación de bienestar posteriormente. Hay felicidad, alivio y seguridad en la conformidad. Como también escribió Simone de Beauvoir, “… sin duda es más cómodo soportar una esclavitud a ciegas que trabajar por la liberación personal; los muertos, también, están mejor preparados para la tierra que los vivos”.

Gran cantidad de mujeres están justificadamente aterradas por los trans activistas. Tengo conocimiento sobre esto porque muchas se han contactado conmigo para narrarme sus historias. Tienen miedo a que se haga pública su información personal, a perder sus trabajos o su sustento de vida, y a la violencia.

Pero si bien los constantes ataques hacia mi persona han sido infinitamente incómodos, me rehúso a arrodillarme ante un movimiento que creo que hace un daño notorio al buscar borrar “mujer” como una clase biológica y política y le ofrece respaldo a los depredadores como pocos otros movimientos antes. Estoy junto a las valientes mujeres y hombres, gays, heterosexuales y trans, que defienden la libertad de expresión y pensamiento, y por los derechos y seguridad de algunos de los más vulnerables en nuestra sociedad: jóvenes homosexuales, adolescentes frágiles, y las mujeres que dependen de y desean mantener sus espacios diferenciados por sexo. Las encuestas muestran que es el caso de la mayoría de las mujeres, y excluye únicamente aquellas lo suficientemente privilegiadas o afortunadas de nunca haberse encontrado con la violencia machista o el abuso sexual, y que nunca se preocuparon por educarse a ellas mismas en cuán prevalente son estas cosas.

Lo que me da esperanza es que las mujeres que pueden protestar y organizarse, lo están haciendo, y tienen a su lado a hombres y personas trans realmente decentes. Los partidos políticos que buscan apaciguar las voces más fuertes en el debate están ignorando las preocupaciones de las mujeres bajo su propio riesgo. En Reino Unido, las mujeres se están contactando entre ellas más allá de las divisiones partidarias, preocupadas por el borrado de sus derechos que tanto costaron conseguir y la extendida intimidación. Ninguna de las mujeres criticas del género con las cuales hable odia a las personas trans, al contrario. Muchas de ellas se interesaron en el tema en primer lugar preocupadas por la juventud trans, y son sumamente simpáticas hacia los adultos trans que simplemente quieren vivir su vida, pero que están recibiendo críticas negativas por un nuevo tipo de activismo al cual no adhieren. La mayor ironía es que en un intento de silenciar a las mujeres con la palabra “TERF” probablemente hayan empujado a más mujeres jóvenes hacia el feminismo radical que lo que el movimiento ha visto en décadas.

Lo último que voy a decir es lo siguiente: No escribí este ensayo con la esperanza de que alguien sienta lástima por mí, ni siquiera un poquito. Soy extremadamente afortunada; soy una sobreviviente, ciertamente no una víctima. Solo mencioné mi pasado porque, como cualquier otra persona en este planeta, tengo una historia  compleja, que moldea mis miedos, mis intereses y mis opiniones. Nunca me olvido de esa complejidad interior cuando estoy creando un personaje ficticio y ciertamente nunca la olvido en lo que respecta a las personas trans.

Todo lo que pido —todo lo que quiero— es una empatía similar, un entendimiento parecido, que sea extendido a las millones de mujeres cuyo único crimen es querer que sus preocupaciones sean escuchadas sin recibir amenazas y abusos.

  1. Wronthink en el texto original. Creencia u opinión que va en contra de lo establecido. Término basado en el “crimental” (throughtcrime) de la novela 1984 de George Orwell.
  2. Feminista Radical Trans-Excluyente, en español.
  3. Rapid Onset Gender Disforia o ROGD en inglés.
  4. Involutarily celibate en inglés. El término incel surge de la primera sílaba de cada palabraLink original: https://www.jkrowling.com/opinions/j-k-rowling-writes-about-her-reasons-for-speaking-out-on-sex-and-gender-issues/

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