¡Ni olvido, ni perdón!

Otro 24 de marzo en el que recordamos a nuestras 30.000 compañeras y compañeros detenidos y desaparecidos con mucho dolor, acompañando a quienes dedicaron sus vidas a buscarlos y a bregar por justicia, como las grandes mujeres de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, quiénes transformaron su dolor en una lucha histórica que emociona e inspira a cada militante.
En este día, pocas son las personas que hablan de la condena especial que obtenían las mujeres desaparecidas: la violación como método de tortura y adoctrinamiento, para disciplinar, desmoralizar y «corregir» a aquellas que cuestionaban su lugar en la familia y en la sociedad. La misma fue una herramienta fundamental para los varones de las fuerzas durante el proceso. De nuevo, vulneraban a través de la explotación sexual, a veces para hacerlas «cantar» y otras veces sin mayores justificaciones que las de herir aún más sus cuerpos y mentes, de forma repetida, dejándolas completamente ultrajadas y en las peores condiciones; también las lastimaban a partir de nuestras capacidades reproductivas de la forma más cruel y desalmada, realizando abortos en cautiverio, sometiendo física y psicológicamente a mujeres que estaban gestando, produciendo embarazos no deseados, ejerciendo el arrebatamiento de hijos e hijas que aparecerían muchos años después (si es que aparecían) sin siquiera haber podido recibir un abrazo de sus madres.
El sistema patriarcal siempre logra que suframos a partir de nuestros cuerpos y de nuestra realidad como mujeres, siempre logra deshumanizarnos.
Las recordamos, sabiendo que padecieron un infierno por luchar y que le daremos continuidad a la pelea por un mundo más justo. Las tenemos presentes hoy y siempre, porque nos enseñaron muchísimo, nos dejaron como herencia la pelea por transformar y queremos darle continuidad a esa batalla.
Cada hermana secuestrada, detenida y desaparecida ¡Presente!

Haciéndoles honor a esas luchadoras, debemos pensar en que, para las mujeres, los métodos dictatoriales son casi permanentes, sin importar el gobierno de turno, el régimen, el país, la cultura o el contexto. Nosotras no tenemos descanso, no caminamos con libertad, tenemos hasta toque de queda: hay horarios donde nos da terror caminar solas. Nos pegan, nos matan, nos explotan, nos torturan mediante la violación, nos obligan a parir, etc.
El terrorismo sexual al que somos sometidas día a día nos mantiene en cautiverio. A las mujeres nos siguen desapareciendo, como si nada, todos los días. Los varones proxenetas y puteros, los Estados de todo el mundo y las fuerzas armadas se encargan de que miles de mujeres sean arrancadas de sus vidas todos los días para ser esclavizadas sexualmente. Millones de compañeras son las que sufren las consecuencias del régimen eterno que representa para nosotras el sistema patriarcal y, en especial, las redes de trata y explotación sexual.

Cuando hablamos de memoria y de Nunca Más, hablamos de toda injusticia social que viene de la mano del terrorismo de Estado. Hoy, en un día que tanto marca y que tanto moviliza, en el día donde levantamos bien alto la memoria y la justicia social, donde no nos queremos olvidar de ninguna víctima, debemos recordar también el sufrimiento de miles de mujeres y sus familias, teniendo presentes a nuestras hermanas desaparecidas para ser prostituidas en las esquinas, en los prostíbulos, en la pornografía.
Pedimos por ellas, gritamos que las extrañamos y que las queremos de vuelta. Y, sobre todo, gritamos que no puede haber un Nunca Más mientras nos sigan desapareciendo, mientras nos sigan destruyendo, mientras no podamos ser libres.
Que se termine el terrorismo sexual al que estamos expuestas desde siempre. Para todas ellas, para todas nosotras, exigimos un verdadero Nunca Más.

Las invitamos a marchar, recordando a todas las mujeres desaparecidas de ayer y hoy. Las invitamos a movilizarse teniendo memoria, gritando y peleando para que sus nombres sigan bien vivos en cada pelea que llevemos adelante. Por eso, nuestra consigna será marchar con las imágenes de esas mujeres, por el recuerdo de esas luchadoras, por las que seguimos buscando y queremos de vuelta, para plantarnos con fuerza contra el Estado ginocida, contra el Estado proxeneta, contra el terrorismo sexual, contra aquellos que no nos dejan ser libres.

¡30.000 compañeras y compañeros, más presentes que nunca!
¡Justicia por Silvia Suppo, detenida y desaparecida durante la dictadura y asesinada en 2010 por los genocidas a los que enjuiciaba!
¡Aparición con vida de Johana Ramallo y de cada mujer desaparecida por las redes!
¡Nunca más es nunca más!
¡Juicio y castigo!
¡Ni olvido, ni perdón!

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